terapia contextual

Estoy especializada en Terapias Contextuales o de Tercera Generación, concretamente en la Terapia de Aceptación y Compromiso.

Esta perspectiva cuenta con investigación muy reciente, se encuentra en pleno auge y está demostrando mejoras con respecto a otras corrientes también validadas empíricamente.

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso se deja de considerar que el sufrimiento humano se produce a causa de anomalías que presentan las personas y se coloca el foco en el contexto que rodea al individuo y en cómo este interactúa con él y con sus eventos privados aversivos, ya sean pensamientos, emociones, sensaciones, etc. La intervención recae, por tanto, en qué hacemos con aquello que nos pasa, donde el aprendizaje previo cobra una importancia significativa. Esta respuesta ante lo que nos ocurre es lo único que solemos poder controlar, por lo que la probabilidad de quedarnos enredados en hechos o sensaciones que no nos es posible modificar queda reducida.

Se entiende que los problemas psicológicos se relacionan con momentos en los que la vida ha quedado controlada por lo que llamamos ansiedad, depresión, miedos, etc., así como por el alivio que supone a corto plazo reproducir intentos de evitar estas sensaciones. Paradójicamente, lo que hacemos con el objetivo de dejar de sufrir nos limita en la medida en la que nos envuelve en un funcionamiento circular en el que cada vez existe más dolor, y cada vez estamos más alejados de lo que nos hace realmente vivir o de ser “nuestra mejor versión”.

El objetivo que se persigue con la intervención desde la perspectiva Contextual es la Flexibilidad Psicológica, entendida como la habilidad que nos permite caminar en dirección a lo que consideramos valioso en presencia de pensamientos, emociones o sensaciones que nos resultan incómodos o dolorosos. Flexibilizar es estar dispuesto a contactar con todo eso, definiendo un horizonte de valor y bañándolo de sentido personal, obteniendo a consecuencia una vida más libre, más alineada con uno mismo y con más control del momento presente.

Esta es una perspectiva transdiagnóstica en la que las modificaciones se hacen de raíz, identificando y moldeando el sistema de funcionamiento de la persona frente al malestar, de modo que estos cambios se mantienen más en el tiempo y se pueden extrapolar a casi todo tipo de escenarios.